Hace 3 años cuando la guerrilla le mato al padre y al tío, Fernando tenia una finca, un cultivo de plátano y unas cuantas vacas, lo tenía todo; hace apenas 6 meses cuando le mataron a un sobrino y amenazaron a su familia Fernando a tenia una casa orillas de río Orotoy, no seria gran cosa pero era de ellos, hoy convertido en un forastero, en un extraño sin tierra y sin hogar, Fernando deambula por las calles de
Siempre en el mismo semáforo, con la misma alegría que lo caracteriza, con ese carisma y ese agrado de atender a sus clientes, Fernando vive el día a día, esperanzado de que en algún momento podrá dejar de vender en la calle, podrá dejar de correr detrás de los carros y podrá dejar este trabajo guardado como un recuerdo en un baúl con llave, cuya llave estará escondida en un sin fin de cajones que nunca se abrirá.
Oscar uno de los seis hijos de Fernando, también sale a las calles de
Pero después de 2 meses de espera, de buscar ayuda y de tener siempre por respuesta un “espere hasta tal día”, Fernando y su familia logran conseguir una casa estable, ya no pasaran las noches en una esquina, usando cartón y periódico como cobijas y maderas como almohadas, ahora tienen un refugio que aunque quizá lo compartirán con indigentes y hasta con locos, es algo mejor que las calles, no solo para él, sino para su familia.
Y pues aunque tienen ya un techo para dormir. Como comerán? Oscar podrá dejar de trabajar en la calle y podrá entrar a estudiar?, a nosotros solo nos queda esperar que les tiene preparada la vida a ellos, en fin es una familia de admirar, una familia que como ellos lo dicen no son desplazados son gente con ganas de prosperar.
A todos y a cada uno de los colombianos, victimas del desplazamiento forzado.
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